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Mujeres y derechos

Los derechos son tan frágiles como esta agrupación de vilanos

Seguramente ya se ha dicho todo lo que se puede decir sobre la influencia que la sentencia del tribunal de Estados Unidos que elimina de un plumazo el derecho de las mujeres a abortar. Pero yo sigo dándole vueltas a algunas ideas:

  • ¿Por qué los hombres tienen tanto miedo de las mujeres que pretenden (desde tiempo inmemorial) tenernos sometidas a su vigilancia y criterio?
  • ¿Por qué las religiones, especialmente las del libro, se prestan de tan buena gana a colaborar en ese control, haciendo de todo lo relacionado con la sexualidad el centro de sus preocupaciones?
  • Cuando por fin salimos de la dictadura, que nos tuvo sometidas (y sometidos) a la condición de que todo lo que era pecado para la iglesia era delito para el estado, creímos ¡ilusas! que los logros que íbamos alcanzando tenían la condición de definitivos, que no habría marcha atrás. Pronto nos dimos cuenta de que no era así. Todo lo conseguido se puede perder, y nos estamos durmiendo en los laureles: teníamos la mejor sanidad y ya nos hemos dado cuenta de lo mucho que ha empeorado, todavía los datos de nuestra educación pública son incluso mejores que los de la privada, pero pretender convertirla en residual y por tanto sin calidad, se abandonó a los ancianos durante la pandemia…
  • Hay quien cree que el derecho al aborto es algo que solo afecta las mujeres en edad fértil. Se equivoca. Si se ha podido (porque en USA ya está hecho) eliminar este derecho se pueden eliminar cualesquiera otros. Y lo que pasa allí se extiende por occidente como una mancha de aceite. Miren si no las manifestaciones del domingo pasado y lo felices que se sienten Abascal y compañía.
  • No consigo entender cómo, en el momento en que la ciencia pone al alcance de la humanidad los mayores logros, el fanatismo religioso puede avanzar a pasos tan agigantados como para convertir estados laicos en confesionales nuevamente. Países en los que los fanáticos pretenden y consiguen imponer su moral a todos, dando por supuesto que ellos están por encima de los demás y tienen la razón absoluta. Lo vimos en Irak, donde las mujeres pasaron de golpe a carecer de derechos conseguidos con mucho esfuerzo y lo estamos viendo en el que considerábamos el país de las libertades. (Parece que allí la única libertad intocable es la de llevar armas).

Volviendo al aborto. No quieren entender que prohibirlo no impide que los haya. Consiguen que las mujeres que se ven obligadas a abortar pongan su vida en riesgo. Lo decíamos ya hace años en una entrada anterior. Es legislar contra todas las mujeres, pero especialmente contra las más vulnerables. ¿Será que se trata de eso precisamente?

Trabajar casi gratis

Clase de pilates al aire libre en tiempos de pandemia.

Los datos publicados por el Ministerio de trabajo correspondientes al mes de mayo, analizados aquí, son alentadores, pese a los efectos económicos de la guerra de Ucrania:

  • El paro baja de tres millones por primera vez desde 2008.
  • El número de afiliados a la Seguridad Social se sostiene por encima de los 20 millones, tras crecer casi un millón en el último año.
  • Los contratos temporales caen un 34,5% desde mayo de 2021, al tiempo que los fijos discontinuos se multiplican por 13 y los indefinidos a tiempo parcial por cuatro.

Pero no todo el monte es orégano. De la misma forma que hay quien quiere que en hostelería se siga trabajando ¿media jornada?, ¡12 horas!, como toda la vida, por un salario tan magro que se están quedando sin personal, hay otros sectores que también se saltan los derechos de trabajadoras y trabajadores, y las leyes, a piola.

Escuché esta mañana a una limpiadora (parece que pronto habrá una legislación específica para mejorar su situación laboral). Decía que cobran la hora trabajada a 11 o 12 euros pero no las echan todas en el mismo sitio ni unas a continuación de otras, de forma que muchas de ellas no consiguen más de 600 euros al mes estando prácticamente la jornada completa pendientes del trabajo.

Y mi profesora de pilates, que también hace horas en distintos centros, no encuentra apoyo en sus compañeros de un gimnasio en el trabaja en verano (cuando se cierran otras actividades) para presionar por una subida de sueldo: cobran 6 euros brutos por hora de clase impartida y temen perderlos si protestan. Son jóvenes, viven en casa de sus padres y para sus gastos parece que tienen suficiente. Si pensaran un poco… ¿Por qué dejarse explotar si la ley está de su parte?

Dos o tres horas en una tarde, no consecutivas, significan al menos cuatro o cinco horas dedicadas cada día para obtener unos 300 euros netos al mes. Sin contar con que ella no vive cerca del tal gimnasio y no hay transporte público eficiente, así es que hay que descontar el gasto en combustible.

¿Un trabajo decente? Yo creo que no.

Actualización:

El miércoles la despidieron. Después de la reunión general sobre las actividades de verano, cuando el resto de monitores y monitoras firmaron.

Explicación: reducción de horas. Para ella hay muy pocas y además vive lejos. Consecuencias de ser reivindicativa, me parece a mí. O de haberlo hecho público aquí.

Mimosas: delicadeza hecha flor

Empresas y empresarios

Luis lleva 9 años haciendo el mismo trabajo y trabajando para el mismo empresario, pero no en la misma empresa, porque tiene tres que se dedican a lo mismo: subcontratar servicios para las grandes del sector: Endesa, Telefónica, Gas Natural …

Cada cierto tiempo, Luis es despedido para unos días mas tarde ser contratado en otra de las empresas de su jefe para continuar su interrumpida labor donde la dejó.

Como el empresario conoce la ley, al despedirlo le hace firmar un finiquito que no le paga, porque lo va a contratar de nuevo. Claro que, como lo ha firmado, Luis tiene que declararlo a Hacienda, le recuerdan en el momento de la firma (porque en la empresa la misma cantidad va a figurar como pago en vez de como beneficio, aunque eso no se lo dicen). El año pasado Luis pagó por ello alrededor de seiscientos euros.

Y Luis está contento, porque tiene trabajo mientras otras personas con mayor preparación que él no lo tienen.

¿Que cómo sé estas cosas? Porque ayer Luis estuvo en mi casa para revisar una instalación y hablamos.

Ayer y hoy

Ayer se cumplieron diez años de la aprobación de la ley que legalizó el matrimonio igualitario, haciendo un poquito más real el artículo 14 de la Constitución: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Hoy entra en vigor la llamada Ley Mordaza que convierte en delito manifestarse en según qué sitios, hacer fotos o videos a la policía (impidiendo denunciar abusos), referirse a manifestaciones en redes sociales (pueden considerarte organizador y está prohibido organizarlas), que permitirá devoluciones de inmigrantes en caliente y hará innecesaria la intervención de un juez para multar con hasta 30.000 euros por las infracciones mencionadas y muchas otras. En resumen,  que  suprimen, so pretexto de regularlos, muchos de los derechos por los que tanto tuvimos que luchar. De un plumazo.

ley mordaza

Hace diez años se manifestaban la Iglesia, obispos a la cabeza, y el PP (el partido, algunos de sus miembros eran de otra opinión), considerando que la Ley que se iba a aprobar era un ataque frontal a la familia. Se equivocaron: ahora hay más tipos de familia reconocidos, pero la familia sigue tan viva como siempre. (O más: si no hubiera sido por el apoyo familiar, ¿qué habría sido de tantos parados como hay a consecuencia de una crisis que llegó para quedarse?) Y presentaron recurso de inconstitucionalidad, pero el Tribunal dijo que no, que no era inconstitucional.

Hace unos días (el 26 de junio) lo ha dicho también el Tribunal Supremo de Estados unidos: «Su esperanza es no ser condenados a vivir en soledad, excluidos de una de las instituciones más antiguas de la civilización. Exigen dignidad equitativa ante los ojos de la ley. La Constitución les concede ese derecho«. Eso dice la sentencia. No es un texto legal frío, sino una respuesta positiva a la encarnizada lucha sostenida por tantos activistas y negativa a los atacantes homófobos que tanto dolor les han causado.

Hace diez años construíamos un país más decente porque un país decente es el que no humilla a sus ciudadanos. Hoy no podemos decir lo mismo.

 

 

¿Se abusa de las abuelas?

Cuando mi madre (88 años,  diagnosticada de Alzheimer en fase 2, pero todavía lúcida la Patri-Iván - 23mayor parte del tiempo aunque sin memoria próxima) dice que ha tenido mucha suerte con sus hijos (para ella la palabra incluye a las hijas), que están pendientes de ella y la cuidan y la atienden en todo lo que necesita y más, que la llevan a la escuela (el centro de día) donde aprende lo que no pudo aprender en su infancia y se lo pasa bien, que juegan con ella al parchís y al rumikub, sus entretenimientos favoritos junto con la lectura, no puedo dejar de pensar en otros casos que conozco, de distinto tipo:

  • La abuela (más de 80 años, vive sola) que todos los domingos ha de esperar a que las persianas del piso de su hijo se levanten para llamar al timbre, haga frío o calor.  Es el único día de la semana que ve a sus nietos y quiere aprovechar el tiempo pero tiene prohibido llamar antes de la señal.
  • La que no vivió su vida porque tenía obligaciones familiares que podía haber resuelto de otra forma pero su moral machista, incrustada a fuego durante su infancia (la hija ha  de cuidar al padre, sin ayuda) se lo impidió. Falleció esperando su momento, antes que su padre. Ya hablé de ella antes aquí.
  • La señora de alrededor de los 65 que se ha matriculado en el aula universitaria de mayores para tener unas horas a la semana para ella y no siempre puede asistir. Sus dos hijas dejan a tres nietos a su cargo de forma sistemática, toda la semana: llevar y recoger del cole, comida, ropa, deberes… Y qué voy a hacer? Ellas trabajan fuera de casa y no pueden atenderlos.
  • La madre (70 años), que cuando sale de su clase de pilates se queda en casa de su hija para que cuando ésta regrese del trabajo se encuentre la casa recogida y la comida hecha. Luego vuelve a la suya para hacer lo mismo.
  • El abuelo que lleva diariamente a sus nietos al colegio, y ha aprendido a cuidar niños porque cuando sus hijos eran pequeños esas cosas las hacían las mujeres. Si no fuera porque ha de hacerlo cuando le apetece y cuando no, disfrutaría mucho de la situación.
  • El matrimonio que cuida de su nieta siempre que se lo piden a cambio de interferir en la relación de pareja de su hijo
  • La pareja que reunió a sus hijos cuando empezaron a tener bebés para decirles que estarían disponibles en caso de necesidad para situaciones puntuales, no para las ordinarias, aclarando que si vosotros queréis divertiros, nosotros  también.

Naturalmente, conozco a muchos mayores que disfrutan de su jubilación, de su tiempo y de su familia, tanto nuclear como extensa, que no dependen de nadie ni están sometidos a ningún tipo de tarea impuesta. Y a muchas otras que, como mi madre, son dependientes perfectamente cuidados y queridos. Pero a todas las situaciones descritas les puedo poner nombre y apellidos,  sólo una de ellas por persona interpuesta. Quiero decir que no son elucubraciones, las conozco de primera mano.

¿La más frecuente? La abuela que se hace cargo de sus nietos de forma habitual, la que ni siquiera tiene la opción de apuntarse a actividades que la satisfagan personalmente porque está demasiado ocupada y/o demasiado cansada. Si se mira con un poco de atención se las ve a la puerta de los colegios, en el autobús las he oído quejarse incluso delante de los nietos en más de una ocasión, en el parque,  en la cola de la frutaría o el hiper.

Respondiendo a la pregunta inicial, sí, en demasiadas ocasiones se está cargando de responsabilidades que no suyas a los abuelos, y especialmente a las abuelas. Posiblemente una gran parte de la culpa es suya, por haber hecho demasiado fácil la vida de sus hijos e hijas y por no haber aprendido a decir no. Pero eso no es óbice para que  quienes les traspasan la responsabilidad hagan gala de un egoísmo sin paliativos.

Jornada de lucha por la escuela pública

No es nuevo: estoy a favor de la escuela pública de calidad y en contra de la LOMCE, que favorece de forma manifiesta a la escuela privada.

Si perdemos el derecho al acceso a la educación en condiciones de igualdad estaremos condenando a gran parte de la población, y en consecuencia al país, a una vida menos satisfactoria, al privarles de la posibilidad de mejorar su situación de partida.

Entre los derechos que estamos perdiendo en esta crisis tomada como excusa para la reforma, a todas luces ideológica, de la sociedad del bienestar que creíamos conseguida, los relacionados con la educación están entre los más dolorosos porque afectan al futuro, a nuestros hijos y nietos.

La relación entre el nivel de estudios de padres y madres y los resultados en la pruebas PISA del alumnado actual, que pone de manifiesto José María Maraval en los últimos párrafos de este artículo, nos da la clave de lo que nos puede esperar en el futuro si no conseguimos que se corrija la derrota que marca la LOMCE.

Hay quienes se han tomado grandes molestias para poner en evidencia los errores que suponen los recortes y la ley. Aquí dejo dos ejemplos que circulan en la red y han sido creados para que se transmitan viralmente.

Éste utiliza un método que recuerda aquellos tiempos a los que parece que quieren devolvernos.

Como dice mi amiga Charo, a mí, mañana, no me cuentan porque no me descuentan. Pero estaré en la manifestación. Y dejo clara mi opinión: Porque creo en la Educación, defiendo la Pública:

Una mujer valiente

Ayer conocí a una mujer valiente. Nadie lo hubiera dicho viéndola charlar amigablemente con una chiquilla de 13 o 14 años que, como ella, había salido a pasear a su perro. Pero lo es, ¡ya lo creo que lo es!

Ha sido capaz de abandonar la comodidad de un matrimonio con un hombre de buena posición económica, que la llevaba donde ella quería, con el que compartía una casa estupenda en un pueblecito y dos hijos ya mayores, por un piso en un barrio obrero de Jerez en el que sigue educando a sus dos hijos, trabajando en el cuidado de personas dependientes (ese nicho de empleo que ha creado la Ley de dependencia) cuando la llaman, dispuesta a aceptar otro tipo de trabajo si surge, mientras disfruta de su recien estrenada libertad. Seis meses hace que  vive sin pareja.

Reconoce que su exmarido no es mala persona, pero no la dejaba respirar. Se hicieron novios cuando ella tenía 14 años, y desde entonces ha vivido por y para  él. Y para sus hijos, naturalmente.

– Yo sólo era la mujer de Fulanito.

Los problemas empezaron cuando quiso» sacarse el carnet»

– ¿Y tú para qué quieres conducir? Si yo te llevo donde quieres.

Reconoce que era verdad, pero… con eso no se sentia satisfecha. Pelearon, pero se sacó el carnet.

Luego, una cosa lleva a la otra,  quiso tener su propio coche y entonces sí que se armó la gorda. Los argumentos, los mismos:

– ¿Para qué necesitas un coche si yo te llevo donde quieres? No lo entiendo.

– Sí, pero yo a veces quiero hacer algunas cosas sin ti.  Salir con mis amigas, ir de compras… Tú las haces sin mí. Además, tú te has comprado dos cochazos desde que nos casamos y yo nada.

Aquello dolió, pero insistió tanto que terminaron comprando, a regañadientes, un coche pequeño para ella… con los papeles a nombre de él. El seguro también, con la disculpa de que era más barato. En resumen:

– Yo no tenía nada que pudiera decir que era mío. Es verdad que casados en régimen de ganaciales las propiedades son de los dos, pero yo no lo sentía así.

Desde que diponían de dos coches, él dejo de llevarse el grande al trabajo, porque el pequeño era más cómodo:

– Cuando lo necesites me llamas y te lo acerco, o pasas por el trabajo a recoger la llave.

Y cuando lo hacía, dónde vas, con quién, por qué, qué se te ha perdido, es que sólo quieres problemas…

Habló con su madre y, aunque todavía no lo entiende, se puso de parte de él, que la tenía como una reina aunque ella no supiera agradecérselo. Aunque la separación ha sido difícil, y lo ha pasado muy mal, su madre sigue pensando que debe agradecer al exmarido que cumpla con su obligación de pasarle la asignación a los hijos. Es decir, no ha encontrado el apoyo de la persona de la que más lo esperaba. Es  una de las cosas que más le duelen, porque una madre (ella lo es, y lo sabe) debe comprender a sus hijos y apoyarles en sus decisiones, aunque no esté de acuerdo con ellas, especialmente cuando son difíciles y dolorosas.

Ha tenido el valor de irse del entorno conocido a otro en el que no conocía a nadie, y no se arrepiente. Aunque sus posibilidades económicas estén muy limitadas, la sensación de ser libre, de sentirse persona independiente, de poder tomar decisiones sin que otra persona tenga que aprobarlas, es tan intensa que supera ampliamente los inconvenientes.

Cuenta que una tarde en que había ido a la playa sola, tendida al sol mirando al cielo, viendo volar las gaviotas,  se dio cuenta de que se podía quedar allí el tiempo que quisiera, sin tener que dar explicaciones de por qué llegaba tarde, o pronto. Fue consciente del cambio que había introducido en su vida. Y se sintió feliz. Todavía se emociona al recordarlo.

Puede parecer una historia menor pero yo, que también he pasado por una separación después de muchos años de convivencia, valoro su coraje y su valor. Y termino con una de sus frases, que resume su proceso de personalización:

– Lo mejor que he hecho en mi vida ha sido sacarme el carnet, porque fue el comienzo de mi nueva vida.

De eso hace seis años. Cinco tardó en tomar la decisión de separarse.

 

 

Obligaciones

Mientras pasaba mi compra por el escaner la cajera comentaba con la de al lado:

– ¿Tienes planes para el finde?

– Vamos a Chipiona. ¿Por qué no venís?

– ¿Cuándo os vais?

– Hoy, después de comer.

– Hoy no podemos, por los niños. Mañana se queda mi hermana con ellos, pero hasta las doce no, que dice que tiene que descansar. ¡Vamos, vamos! ¡Qué tiene que descansar! Y hasta las doce yo no puedo ir a ninguna parte.

E insistía dirigiéndose a mí:

– ¡Vamos! Ella tiene que descansar, ¿y yo?

De la conversación entre ellas, deduje:

  • Que la chica (unos 30 años), tiene pareja y dos hijos (hablaba de ellos en plural, pero me extrañaría que tuviera más de dos)
  • Ella trabaja, por lo que no se dedica a tiempo completo a los niños. (Pero está deseando librarse de ellos).
  • Considera que tiene derecho a pasar tiempo libre sin hijos, a costa de familiares, sin compensación económica. (Si pagara no soportaría el retraso).

Y yo, que desde que nació la primera de mis hijas organicé mi vida no laboral en función de ellas, y encantada de hacerlo, me pregunto:

  • Si hoy se tienen los hijos que una quiere, y cuando los quiere, ¿como es posible que después de haber decidido tenerlos no se les dedique la atención que requieren? ¡Cuántos padres, y especialmente madres, se quejan de las renuncias que momentáneamente han de hacer para cuidarlos! ¡Y cuántos no entienden que se es padre, o madre, veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco días al año!. A tiempo completo, porque no se educa en el momento en que uno, una, se pone a ello a propósito, sino siempre, incluso cuando se preferiría pedir tiempo muerto, como en el baloncesto.
  • ¿Por qué tantos padres dejan en manos de los abuelos una función que sólo a ellos corresponde?. Los abuelos tienen otra, mucho más gratificante por cierto, pero no obligatoria. ¡Cuantos abuelos, hombres, están haciendo con sus nietos lo que no habrían hecho con sus hijos ni atados! Lo malo es que muchos han de hacerlo les apetezca o no.
  • Si yo estaba deseando que llegara el sábado para tener tiempo de jugar y organizar actividades con mis hijos cuando eran pequeños, ¿por qué para tantas parejas jóvenes pasar tiempo libre con sus hijos parece una penosa obligación?

En fin,  en esta sociedad hedonista en la que todos buscamos el confort y la comodidad, vivir en pareja y tener hijos es cada vez más difícil, porque supone renunciar a los que entendemos como nuestros  derechos individuales en favor de otras personas.

Tragedias, buitres y respuestas administrativas

Tragedia: Hace dos días, un compañero con el que trabajé hace años, y del que guardo un inmejorable recuerdo, murió a manos de su hijo, un joven que estaba en tratamiento psiquiátrico.

Buitres: En la prensa aparecen todos los datos personale y profesionales, los detalles morbosos de la agresión, que a nadie importan, incluso el hecho de que el hijo era adoptado, como si eso supusiera un motivo o aportara algo significativo. La prensa, pese a que la mujer de mi amigo pidió que se respetara su intimidad, ha invadido el recinto de su casa, saltando tapias, haciendo fotos…  Por vender periódicos, lo que sea.

Respuestas administrativas:

  • En las últimas semanas, mi amigo y su mujer, los padres del joven enfermo, habían pedido ayuda a la fiscalía: se sentían incapaces de manejar la situación, y les puedo asegurar que son dos personas capaces y preparadas, y se les nota. Les dieron cita para tres semanas más tarde.
  • Mi amigo tenía claro que quería ser incinerado. El juez se ha negado a permitirlo, por si fuera necesaria la exhumación en el curso de la investigación. Su mujer se ha visto obligada a aceptar que no se cumpla su última voluntad.
  • Su hijo fué trasladado al juzgado para ser interrogado 24 horas después de la muerte de su padre. Hasta entonces se supone que estuvo en los calabozos. ¿Qué tipo de atención recibió un joven tan enfermo como para matar a una de las personas a las que más quería, por la que sentía no sólo cariño filial sino también admiración y respeto? No me consta, pero la familia sospechaba que ninguna.

Reflexiones:

  • Cada vez más familias se están viendo superadas por las actitudes y las actuaciones de sus hijos. Muchos padres, tras permitirles vivir sin normas,  se ven incapaces de controlarles y en ocasiones acuden la la fiscalía o el juzgado  buscando ayuda. Pero no todos los casos son iguales, ni mucho menos.
  • De la misma forma que en los hospitales se priorizan los enfermos que acuden a urgencias se debería hacer en estos asuntos judiciales. Si  lo hacen, como quiero suponer, desde luego en este caso  se equivocaron de medio a medio.  Necesitan asesoramiento psicológico para evaluar las situaciones.
  • La insensibildad de la Administración hiere, más cuando se forma parte de ella, aunque sea en otro ámbito.
  • El derecho a la información no puede ser excusa para actuaciones injustificables. El libro de estilo de El Pais, por ejemplo, dice que se citará la profesión cuando aporte algo relevante (cita no literal, pero ése es el sentido). ¿Qué aporta en este caso la profesión del padre? ¿O que el hijo fuera adoptado? ¿Insinúan algo con esas informaciones? Si así fuera, ¡qué mentes mas sucias! Y si no es, sobran.
  • A veces parece que viviéramos en una sociedad enferma, en la que se destaca sólo lo desagradable, y cuanto más lo sea más alto se lo coloca.

Gratis total

Hace tiempo que vengo dándole vueltas a esta entrada. No porque no tenga claro lo que pienso y lo que quiero decir, sino porque puedo explicarme mal. Por eso aclaremos ideas desde el principio:

  • Que la ciudadanía, que somo todos, haya ido aumentando sus derechos es un avance social, positivo en sumo grado.
  • Que el estado, por sí o a través de sus distintos estamentos (comunidades, ayuntamientos, organismos varios) se haga cargo de la satisfacción de las necesidades del personal no tiene en principio nada de malo, sino todo lo contrario.
  • La educación obligatoria y gratuita hasta los 16 años es una de las mayores conquistas sociales del siglo XX.
  • Que cada cual pueda exigir sus derechos es garantía de que las cosas funcionan.

Dejado claro que estoy a favor del ejercicio de los derechos, especialmente de los derechos sociales: educación, salud, vivienda, empleo…, considero necesario poner en cuestión su uso y disfrute, cuando se entienden desligados de las obligaciones que deberían ser inherentes a ellos, que está siendo en demasiados casos. Parece que lo que nada cuesta nada vale, por eso nos podemos permitir el lujo de desaprovecharlo:

  • Empecemos con el desempleo. ¿No conocen a ningún parado que haya rechazado un trabajo porque entre el subsidio de paro y sus trabajillos en negro ganaba más que aceptando el empleo que le ofrecían? ¿Ni a nadie que haya dejado un trabajo para reorganizarse o tomarse unas vacaciones mientras cobraba el paro? Yo sí. Y más de uno. Claro que no ha sido en el último año, pero fue frecuente durante la época de vacas gordas en la que parecía que el erario público no tenía fondo.
  • Sigamos con la Seguridad Social, uno de nuestros mayores activos, demasiado poco valorado. ¿Saben que hay quienes, teniendo ofertas de trabajo en otros países, no se van porque su salud no es de hierro y los tratamientos que pueden necesitar quizá no estuvieran a su alcance, mientras la S.S. se los ofrece gratuitamente? Como contrapartida, pensemos en el uso que en muchos casos se hace de ella: almacenes de medicamentos en las casas, se piden (en ocasiones se exigen) pruebas innecesarias en base a lo que dice la wikipedia o lo que aconseja el amigo, se acude a las urgencias del hospital en vez de al centro de salud… He escuchado hablar de situación tercermundista (sic) porque no le daba (la S.S.) guantes para lavar a su padre en casa y una grúa para moverlo al día siguiente de volver a casa  tras haberle amputado una pierna.
  • El empleo, por la parte que toca a las empresas. Las hay que han formado personal para la apertura de una nueva sucursal, con fondos europeos, durante seis meses, y los han mantenido trabajando apenas uno; después, a la calle. Qué bien conocen algunos todos los recovecos legales para exprimir los fondos sociales sin ofrecer nada a cambio.
  • Educación. Mi favorito. Tenemos educación obligatoria y gratuita, en los centros publicos y en los concertados (bueno, en los últimos lo de gratuita es un decir, siempre encuentran la forma de haya que pagar, y de que se vayan los que molestan). Con ello parece que la educación se ha convertido en obligación propia del estado y se ha liberado de ella a los padres, que ya sólo tienen derechos: a que sus hijos tengan una plaza escolar, a que esté en el centro que elijan, al lado de su casa, a su entera satisfacción (sin educación para la ciudadanía si no la quieren, con religión a la carta…) Sin contrapartidas: con enviarlos al colegio, o al instituto, algunos ya creen que cumplen (en realidad hay quienes ni eso hacen, y es necesaria una comisión de seguimiento del absentismo). A los padres cuyos hijos (mayoritariamente chicos) no aprovechan en absoluto su estancia en el instituto, los que conocemos como objetores escolares, y que dicen no saber qué hacer con ellos, les he preguntado en ocasiones qué harían si tuvieran que devolver el coste de la plaza escolar de su hijo el curso que no rinden un mínimo. Me han reconocido que buscarían la manera de que cambiaran de actitud. Y yo les digo que la mayoría la encontrarían.

¿Por qué ha de ser gratis todo a cambio de nada? ¿Es que el dinero público (de todos) se puede gastar sin que importe en qué? (Por favor, en este momento no pensemos en los políticos y sus malversaciones, sólo en nuestra actitud como ciudadanos, de lo contrario no habrá forma de terminar el razonamiento). ¿Por qué consentimos con tanta faciliadad el mal uso de lo público, sin sentirnos afectados por ello?

Cuando decía que lo que nada cuesta, nada vale, debe entenderse que hablaba de que no le cuesta a la persona que lo utiliza, o esa impresión tiene porque no paga al utilizarlo. Si les digo en en el coqueto teatro de la pequeña localidad en la que vivo, desde que se cobra por los espectáculos (nada exagerado, 5 euros la entrada normal y 3 la de pensionistas y niños), hay más público adulto y se pueden ver las actuaciones sin que los niños sin padres las interrumpan, ¿pensarían como yo que no era buena la política del gratis total que se aplicaba antes?

Puede ser que tengamos que cambiar algunas cosas. Tratar igual a los que son diferentes no es justicia. ¿Todo el alumnado necesita los libros gratuitos? ¿Y el ordenador? Más de un padre, al firmar el compromiso que adquiere a recogerlo, ha preguntado si es obligatorio el uso de ese ordenador, porque su hijo tiene otro y…

Si los 2500 euros por nacimiento no hubieran sido repartidos sin tener en cuenta la renta familiar (¿de qué le sirven a quien tiene ingresos de cientos de miles de euros?) igual podían seguir recibiendolos las familias que los necesitan.

Y podríamos multiplicar los ejemplos.

Por otra parte recuerdo que uno de los ponentes del Evento Blog 2010, Marc Vidal, una de cuyas frases puede hacerse realidad para desgracia nuestra (No es que estemos en crisis. Esto se va a quedar así por mucho tiempo), se preguntaba si no estábamos confundiendo derechos fundamentales (vivienda, educación, salud…) con servicios del estado que dependen de su capacidad económica. Sería terrible que fuera verdad y estuviéramos asistiendo a la poda de ellos cuando apenas nos habíamos asomado al  estado de bienestar.

Las fotos de aquí, aquí, aquí y aquí