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Mirando hacia muy atrás

Antes de nada lean, por favor, esta información publicada ayer, que hoy se repite en otro periódico. Como se puede ver dice claramente que la Delegación de Educación prohibió la celebración de una asamblea de la Campaña por la bajada de ratios escolares, en la que se integran más de treinta organizaciones y colectivos en defensa de la escuela pública.

¿Se habrán celebrado las demás?

Dice la Señora Delegada Territorial de Educación que no ha habido tal prohibición, sólo se ha recordado a la dirección del centro que en cumplimiento de la nueva normativa (expresada en una circular) si no se ha pedido autorización con siete días de antelación, no se puede llevar a cabo.

¿Dónde queda la autonomía de los centros si una directora, o un director, no puede autorizar una reunión en horario que no interfiere con las labores docentes, y más si está relacionada con asuntos educativos? ¿Habrá que pedir permiso hasta para respirar?

El ambiente que este gobierno está introduciendo en la escuela andaluza se está volviendo asfixiante. No es solo que se necesite autorización para actividades propuestas a partir del 20 de noviembre, es que la organización de la actividad y el contacto con las personas o entidades actuantes se realizarán desde la Delegación, que establecerá las directrices oportunas.

Está muy clara la pretensión de que la escuela pública se limite a enseñar, que no a educar. Limitarse a las matemáticas, o la geografía, sin salirse del guión. A educar en valores lo llaman adoctrinar. Pero según su criterio los centros privados, católicos en su inmensa mayoría, no adoctrinan, aunque esté en su ADN impartir doctrina.

No tienen idea de lo que cuesta organizar actividades diferentes a las clases en el aula. Y si cada vez que se pretenda hacer algo distinto el profesorado se encuentra con críticas, trabas y problemas, ¿lo seguirá haciendo? Así se mata la iniciativa, la ilusión, las ganas de trabajar.

En esta comunidad no se ha hablado del pin parental pero se ha inoculado el germen. Aquí no se anuncian los recortes de derechos: se hacen sin más(1). Cada vez se realizan menos actividades de las que a los amantes del pin no les gustan, por si luego algún padre o madre protesta y tenemos problemas. O se les pide a las familias consentimiento para actividades incluidas en el PAC y por tanto aprobadas de forma expresa. No hace falta pin, ni pon. Ya nos autocensuramos.

Parece que haya mucho interés en que volvamos a sentirnos como algunos, y especialmente algunas, ya nos sentimos hace muchos años, en tiempos del franquismo: dependientes, acogotadas, sin libertad para casi nada que no entrara en la cuadrícula del esquema de funcionamiento que se nos había asignado, en nuestro papel. Creíamos haber salido definitivamente de allí pero parece que quieren que volvamos, aunque no lo digan de esa manera y lo hagan de forma muy sibilina. Y lo malo es que les estamos dejando. Nos está pasando como a la rana metida en agua fría puesta al fuego. Como no espabilemos cuando queramos reaccionar será tarde.

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(1) Un ejemplo: En Castilla y León ese señor cuya única función es decir barbaridades y tonterías para crear polémica y salir en los medios (una forma de hacerse publicidad que les funciona) dijo aquello de hacer que las mujeres que pretender abortar escuchen el latido fetal y vean una ecografía 4D, aunque no entiende mucho de embarazos. Y se armó la más grande. En Andalucía el asesoramiento a las que pretenden hacer lo mismo está en manos del grupo antiabortista Red Madre al que ya se han pagado más de doscientos setenta mil euros de dinero público y cuya misión es obvia, como explica aquí Angel Munárriz.

Bajar la ratio

Cuando hay acuerdo en que mejoraría la calidad de la enseñanza no se entiende que no se le dé publicidad a esta oportunidad que ha costado trabajo conseguir.

Marea Verde hace un llamamiento a la comunidad educativa para manifestar su apoyo a la bajada de ratio
ILP: El día 14 de diciembre la propuesta de ley se discutirá en el Parlamento andaluz

El movimiento para la defensa de la escuela pública, Marea Verde Jerez, ha hecho un llamamiento al conjunto de la comunidad educativa: docentes, familias y alumnado, para que muestren públicamente su apoyo a la iniciativa legislativa popular por la bajada de ratio en la escuela pública andaluza, que se discutirá y votará este catorce de diciembre en el Parlamento andaluz.

La reducción del número de alumnos y alumnas que un o una docente tiene que atender en su aula es una antigua reclamación de la comunidad educativa que ha cobrado un especial impulso a partir de la reducción del número del alumnado por aula que se produjo a causa de la Pandemia de Covid del año 2019.

Existe una amplísimo consenso entre los expertos en educación, el profesorado, las familias y el alumnado, en que una reducción de la ratio repercutiría de manera inmediata en una mejora de la calidad.

La rebaja de ratio por ley, supondría la posibilidad de una atención más personalizada al alumnado, lo que permitiría una mayor dedicación al alumnado NEAE, y sería un paso fundamental en el camino a lograr una auténtica Educación inclusiva, tal y como recoge sobre el papel la legislación educativa actual.

La discusión en el Parlamento andaluz de esta propuesta de ley es el resultado de la recogida de más de 50.000 firmas de ciudadanas y ciudadanos andaluces que han respaldado la ILP promovida por más de treinta colectivos sociales entre los que están la mayor parte de las organizaciones sindicales, las confederaciones de padres y las asociaciones profesionales del profesorado, junto a los colectivos y asociaciones más representativas del mundo del alumnado.

Desde Marea Verde Jerez se invita a los claustros, asociaciones de padres y madres, o colectivos estudiantiles, a poner en marcha diferentes iniciativas de manera individual o colectiva para difundir, antes del miércoles próximo, en medios y redes sociales, el apoyo a esta propuesta de ley. Entre estas acciones invitamos a difundir fotografías con carteles alusivos al tema, y/o mensajes con los hashtag:

#AndaluciaBajaLaRatio #BajadaDeRatioxLey

Jerez, 10 de diciembre de 2022 Marea Verde Jerez

Decepciones

Es inevitable que alguien nos decepcione y que decepcionemos a alguien a lo largo de los años. Nuestra confianza en las personas (y en las instituciones), tan necesaria para vivir en sociedad, no siempre es correspondida, como tampoco lo es la que alguien deposita en nosotras.

Pero no todas las decepciones tienen la misma categoría, ni nos duelen igual. Las peores son aquellas que se derivan de hechos, actitudes y manifestaciones de alguien a quien considerábamos hasta ese momento un referente, en cuyo criterio y actuación confiábamos.

He aquí algunas de las mías:

  • Me decepciona, y me enfada, que una vez instalado el ascensor en un bloque en el que viven personas muy mayores (Rafael y Rosalía tienen más de 90 años) hayan de pasar más de dos meses hasta que se ponga en funcionamiento por cuestiones burocráticas. ¿De veras no es posible agilizar los trámites? ¡Válgame san Rafael, tener el agua tan cerca y no poderla beber! Todos los días cuatro pisos abajo y cuatro pisos arriba para poder salir a la calle.
  • Me decepciona y me preocupa que se trate a las personas mayores con condescendencia, que se les hable como si fueran críos y no entendieran nada, que se las despersonalice llamándolas abuela o abuelo, obviando su nombre, sin pensar siquiera que puede que no tengan nietos y por tanto no se sientan concernidas. Se puede ser abuelo o abuela muy joven y se puede no serlo nunca. Y si quienes actúan así son profesionales dedicados a cuidarles ya me parece inaceptable. Y sí, todavía hay quienes lo hacen.
  • Me decepciona, y me irrita, que quienes tienen una gallina de los huevos de oro en el alquiler de pisos turísticos y casas rurales no cuiden la calidad de lo que ofrecen a precios abusivos. Estoy hablando de una zona con tanta demanda como Conil, en la provincia de Cádiz, donde parece que se alquila cualquier cosa. Por una noche en una casa con tres dormitorios, perdida en un dédalo de caminos rurales, pagamos 225 euros. Las camas con somieres de muelles vencidos y colchones de espuma completamente pasados. Sábanas, que debieron ser blancas en otro tiempo, totalmente arrugadas. Una cafetera mínima y solo un fuego de gas que apenas ardía. Preveíamos desayunar en la casa, antes de irnos. No fue posible. He hablado con otra gente y es no una excepción en la zona. ¿Qué imagen estamos dando al abusar así de los turistas? ¿Qué turismo de calidad se busca con estos servicios? Actuando así se matará la gallina.
  • Me decepciona, y me enoja, que el señor Moreno Bonilla perdone un día novecientos millones de euros al 0,2 % de la población andaluza (con los que luego no contará para educación, sanidad, servicios sociales) y al día siguiente pida a papá Estado mil millones para infraestructuras relacionadas con la falta de agua. Es mayor mi enojo que mi decepción: después de lo visto en su primera legislatura, no esperaba que gobernara para las clases populares pero tanta caradura me parece demasiado. Y el cuento de la lechera de que vendrán los grandes capitales a invertir en Andalucía porque no pagarán impuestos no es otra cosa que un engañabobos. Por desgracia, lo veremos.
  • Me decepciona y me da mucho coraje que la clase obrera se deje engañar tan fácilmente y no se dé cuenta de quienes defienden sus interese y quienes sólo piensan en obtener rédito para ellos y sus amistades. Me duele ver que barrios obreros votan a quienes les explotan y aplauden a quienes privatizan los servicios públicos porque como bien dicen los franceses cuando todo sea privado no veremos privados de todo.
  • Me decepciona y me enerva ver a periodistas desinformando, publicando a sabiendas mentiras, fabricando bulos, poniendo enormes titulares para falacias y ni palabra cuando se ha demostrado que lo son. Dando la voz y la palabra a mentirosos como si merecieran crédito, dejando que se explayen sin contradecirles, como si los hechos fueran opinables.
  • Me decepciona y me enfurece la desunión de una izquierda cada vez más fracturada, que no cambia su visión a pesar de la experiencia. En Italia va a gobernar Meloni aunque los votos de la izquierda fueron más, pero repartidos entre varios partidos y la ley electoral, como en España, prima la concentración. En Andalucía estamos como estamos, entre otras razones, por la desunión. Espero que Sumar no sea una nueva decepción. Confío en Yolanda Díaz.
  • Me decepcionó y me entristeció mucho, pero mucho, mucho, ver a Serrat en Sevilla haciendo como que cantaba, eso que se llama hacer playback. No me lo podía creer. Era lo último que podía esperar de un grande como él, de alguien que fue un mito, un referente para mi generación y las posteriores. No sé lo que habrá hecho en otros de los espectáculos de su gira de despedida pero puedo asegurar que en la noche de el 7 de agosto, al menos la canción de Curro el Palmo no la cantó en directo. Las grandes pantallas no dejaban lugar para las dudas. Y el que hace un cesto…

Por supuesto que me quedan decepciones en el tintero, no se trata de ser exhaustiva. Pero, ¿se imaginan cuál fue la que me movió a escribir esta entrada? En efecto, la última, aunque puede que no sea la mas transcendente.

¿El vicio de cantar o de hacer que canta?

Mujeres y derechos

Los derechos son tan frágiles como esta agrupación de vilanos

Seguramente ya se ha dicho todo lo que se puede decir sobre la influencia que la sentencia del tribunal de Estados Unidos que elimina de un plumazo el derecho de las mujeres a abortar. Pero yo sigo dándole vueltas a algunas ideas:

  • ¿Por qué los hombres tienen tanto miedo de las mujeres que pretenden (desde tiempo inmemorial) tenernos sometidas a su vigilancia y criterio?
  • ¿Por qué las religiones, especialmente las del libro, se prestan de tan buena gana a colaborar en ese control, haciendo de todo lo relacionado con la sexualidad el centro de sus preocupaciones?
  • Cuando por fin salimos de la dictadura, que nos tuvo sometidas (y sometidos) a la condición de que todo lo que era pecado para la iglesia era delito para el estado, creímos ¡ilusas! que los logros que íbamos alcanzando tenían la condición de definitivos, que no habría marcha atrás. Pronto nos dimos cuenta de que no era así. Todo lo conseguido se puede perder, y nos estamos durmiendo en los laureles: teníamos la mejor sanidad y ya nos hemos dado cuenta de lo mucho que ha empeorado, todavía los datos de nuestra educación pública son incluso mejores que los de la privada, pero pretender convertirla en residual y por tanto sin calidad, se abandonó a los ancianos durante la pandemia…
  • Hay quien cree que el derecho al aborto es algo que solo afecta las mujeres en edad fértil. Se equivoca. Si se ha podido (porque en USA ya está hecho) eliminar este derecho se pueden eliminar cualesquiera otros. Y lo que pasa allí se extiende por occidente como una mancha de aceite. Miren si no las manifestaciones del domingo pasado y lo felices que se sienten Abascal y compañía.
  • No consigo entender cómo, en el momento en que la ciencia pone al alcance de la humanidad los mayores logros, el fanatismo religioso puede avanzar a pasos tan agigantados como para convertir estados laicos en confesionales nuevamente. Países en los que los fanáticos pretenden y consiguen imponer su moral a todos, dando por supuesto que ellos están por encima de los demás y tienen la razón absoluta. Lo vimos en Irak, donde las mujeres pasaron de golpe a carecer de derechos conseguidos con mucho esfuerzo y lo estamos viendo en el que considerábamos el país de las libertades. (Parece que allí la única libertad intocable es la de llevar armas).

Volviendo al aborto. No quieren entender que prohibirlo no impide que los haya. Consiguen que las mujeres que se ven obligadas a abortar pongan su vida en riesgo. Lo decíamos ya hace años en una entrada anterior. Es legislar contra todas las mujeres, pero especialmente contra las más vulnerables. ¿Será que se trata de eso precisamente?

Pasado y presente

A raíz de la conversación con una compañera y amiga sobre nuestra profesión, he vuelto a leer lo que dije en el EABE12, que tanto efecto causó en las y los asistentes, aunque a mí me parecía, y me sigue pareciendo, sencillo.

Y al volver a leerlo me ha llamado la atención que la última parte, la que que se refiere a los temas que deberíamos debatir porque nos jugamos el futuro de la escuela pública, la podría volver a escribir hoy, como comentaba con mi amiga Olga.

¿Quieren comprobarlo? Aquí está

Trabajar casi gratis

Clase de pilates al aire libre en tiempos de pandemia.

Los datos publicados por el Ministerio de trabajo correspondientes al mes de mayo, analizados aquí, son alentadores, pese a los efectos económicos de la guerra de Ucrania:

  • El paro baja de tres millones por primera vez desde 2008.
  • El número de afiliados a la Seguridad Social se sostiene por encima de los 20 millones, tras crecer casi un millón en el último año.
  • Los contratos temporales caen un 34,5% desde mayo de 2021, al tiempo que los fijos discontinuos se multiplican por 13 y los indefinidos a tiempo parcial por cuatro.

Pero no todo el monte es orégano. De la misma forma que hay quien quiere que en hostelería se siga trabajando ¿media jornada?, ¡12 horas!, como toda la vida, por un salario tan magro que se están quedando sin personal, hay otros sectores que también se saltan los derechos de trabajadoras y trabajadores, y las leyes, a piola.

Escuché esta mañana a una limpiadora (parece que pronto habrá una legislación específica para mejorar su situación laboral). Decía que cobran la hora trabajada a 11 o 12 euros pero no las echan todas en el mismo sitio ni unas a continuación de otras, de forma que muchas de ellas no consiguen más de 600 euros al mes estando prácticamente la jornada completa pendientes del trabajo.

Y mi profesora de pilates, que también hace horas en distintos centros, no encuentra apoyo en sus compañeros de un gimnasio en el trabaja en verano (cuando se cierran otras actividades) para presionar por una subida de sueldo: cobran 6 euros brutos por hora de clase impartida y temen perderlos si protestan. Son jóvenes, viven en casa de sus padres y para sus gastos parece que tienen suficiente. Si pensaran un poco… ¿Por qué dejarse explotar si la ley está de su parte?

Dos o tres horas en una tarde, no consecutivas, significan al menos cuatro o cinco horas dedicadas cada día para obtener unos 300 euros netos al mes. Sin contar con que ella no vive cerca del tal gimnasio y no hay transporte público eficiente, así es que hay que descontar el gasto en combustible.

¿Un trabajo decente? Yo creo que no.

Actualización:

El miércoles la despidieron. Después de la reunión general sobre las actividades de verano, cuando el resto de monitores y monitoras firmaron.

Explicación: reducción de horas. Para ella hay muy pocas y además vive lejos. Consecuencias de ser reivindicativa, me parece a mí. O de haberlo hecho público aquí.

Mimosas: delicadeza hecha flor

Mi madre, una de esas mujeres que llevaron el mundo sobre sus hombros, ya no está

Muchas veces recuerdo el tiempo de recolección, en verano, siendo yo pequeña. ¿Quién se levantaba la primera para dejar aviada la comida para los que nos quedábamos en casa (tres o cuatro niños/as y la abuela sentada en su silla porque apenas podía andar apoyada en su cayado)? ¿Quién preparaba el café (achicoria, claro) para el desayuno, y la fiambrera para llevar? Y antes de amanecer, de  camino, para estar a la salida del sol segando el trigo, o cogiendo lentejas, o garbanzos, a la par que su marido.

Pero lo peor venía después, al volver a casa. ¿Será que no traían el mismo cansancio? Porque mientras mi padre daba de comer y beber a las vacas (la yunta) y al borrico, y luego se derrumbaba en la silla, ella preparaba la cena, lavaba la ropa y atendía en lo que hiciera falta a sus hijos pequeños y su madre.

Y si se nos ocurría, críos al fin, acercarnos a él nos decía:

– Anda, deja a tu padre, que está cansado.

Y todo el mundo lo veía normal.

Sirva este recuerdo para presentar a una mujer extraordinaria, como la mayoría de las que vivieron aquellos tiempos durísimos de la posguerra siendo pobres de solemnidad, que se decía. Y no porque no trabajaran.

Mi madre había heredado de su padre la cuarta parte de una huerta (eran cuatro hermanos), y a mi padre su abuelo (no su padre) le cedió algunas tierras para  que las cultivara y así se defendieran. Pero apenas les llegaba. La he oído decir que en aquellos primeros años de matrimonio muchas noches se acostó sin saber cómo y con qué iba a hacer la comida del día siguiente, aunque luego siempre lo logró. Y el médico del pueblo le dijo (un día que se encontraron por la calle, que la consulta había que pagarla) que él tenía a su primer bebé (yo) apuntada  en la lista de los muertos, porque se había enterado de que me estaba criando con sopas de ajo. Se le había retirado la leche y no había para otra cosa. ¿Cuánto sufrimiento suponen experiencias como esas para una madre?

Sé que se casó enamorada, no porque ella lo dijera, sino porque de otra forma no se entendería una boda en contra de la opinión de las dos familias y en la que ni siquiera perdía el control materno puesto que el matrimonio se quedó a vivir con mi abuela, su madre viuda,  que ya por entonces apenas andaba apoyada en un bastón o en la silla de enea en la que se sentaba.

A los nueve meses y nueve días de su boda nací yo y luego, más o menos cada dos años fueron naciendo hijos e hijas hasta nueve. En un caso el intervalo fue mayor porque tuvo un aborto (espontáneo, por supuesto) por medio. Como consecuencia del aborto hubo de someterse a un legrado y aceptó que se lo practicaran sin anestesia para no tener que pasar una noche en el hospital. (Ya era difícil pagar la operación para tener que añadir la estancia y además, ¿qué iba a pasar en su casa si ellos no volvían? La ciudad estaba a veinte km  y no había forma de avisar).

No es que quisiera tener tantos hijos sino que el único método de control de natalidad al que tenían acceso, aparte de no tener relaciones, claro, era el permitido por la iglesia, el Ogino, que me consta que utilizaban porque encontré un libro que tenían escondido y trataba de él. Y su caso demuestra que los seguidores del método ogino se llaman…  padres de familia numerosa, como se decía con guasa en mi juventud.

Después de tres niñas el cuarto fue niño y nació con parálisis cerebral, aunque ella siempre dijo que los primeros días no tenía problemas. Vivió alrededor de dieciocho años, requiriendo una atención constante que nos repartíamos.

Cuando supo que estaba embarazada por novena vez (décima si contamos el aborto) lloró desconsoladamente. Decía que su confesor le había dado permiso para abortar, que ya había cumplido de sobra con su función reproductora. ¡Como si fuera tan sencillo! Tuvo una hija con síndrome de down y casi muere en el parto.

Por el bien de su marido enfermo (el médico le había dicho que si no cambiaba de entorno y se libraba del estrés que le suponía la proximidad de su familia, moriría) se llevó a su familia a la ciudad, donde arrendó una huerta con vivienda y cuatro vacas lecheras, abandonando lo conocido para empezar una nueva vida. Para entonces ya tenía cuatro hijas, la última bebé todavía, y dos hijos, la mayor de ellos con trece años.

Convenció a su marido (que pensaba que los hijos tienen que seguir los pasos de sus padres) para que su hija mayor, pese a la difícil situación familiar, comenzara a estudiar (con beca, naturalmente) porque la maestra del pueblo le había dicho que sería una pena que no lo hiciera.

Era el alma de su casa, el sostén de la familia. Trabajaba en el campo y llevaba la casa. Y llevar la casa en su primera época de casada significaba algo muy distinto de lo que es hoy porque no sólo no había luz eléctrica, ni agua corriente, es que el agua para beber había que ir a buscarla a una fuente a un par de km. y lavar con agua del pozo era casi imposible porque era salobre, de forma que la ropa la lavaba en el regato, de rodillas sobre una tajuela y frotando sobre un lavadero. El traslado de domicilio suavizó esos aspectos a cambio de endurecer otros.

Pocas veces la vi hacer algo por gusto, siempre la necesidad o lo que otro u otros querían estaba por delante. Quizá lo más parecido al tiempo dedicado a su placer haya sido cultivar flores desde que tuvo la huerta al lado de casa. Un gusto que nos ha contagiado a muchos de sus hijos e hijas.

También nos transmitió al educarnos el machismo inherente a su sociedad. En casa no era igual ser chico que ser chica, ya quedó claro al principio. Las mujeres hemos tenido que romper muchos esquemas para superarlo, en alguna medida.

En enfados y discusiones utilizaba, sin ser consciente de ello, una estrategia muy de género: lloraba, se ponía enferma (de verdad, no fingía)… y la mayor parte de las veces conseguía lo que pretendía sin poner en cuestión la autoridad de su marido, que era quien tenía que mandar según su criterio.

Conseguir que sus hijas e hijos no tuviéramos que pasar por lo que ella pasó y que su hija pequeña quede en buenas manos cuando ella falte, han sido sus mayores preocupaciones, una vez superada la enfermedad de su marido.

Como la mayoría de las mujeres de su generación sobrevivió a su marido, y mantuvo el alzheimer a raya hasta que él falleció, siempre pendiente de sus horarios y sus medicamentos. Luego, sus recuerdos se confundieron y aunque el sufrimiento físico pareció desaparecer después de pasar una vez por la unidad del dolor, su sufrimiento mental en los momentos de lucidez y en los de mayor extravío, no dejaba lugar a dudas.

¡Cuántas veces le escuchamos decir en estos últimos años la de veces que le había pedido a ese Dios en el que creía que se la llevara! ¡Y cuánto habríamos agradecido ahora que su muerte hubiera sucedido en cualquiera de las veces en que anteriormente estuvo grave! Pero no, ha tenido que ser ahora, cuando este insidioso virus la ha privado, y nos ha privado, de toda compañía.

Que sus últimas palabras inteligibles fueran para agradecer al personal sanitario que la estuvieran cuidando da una idea, otra más, de su calidad personal.

Ella fue una de las mujeres que han sostenido el mundo, cargando con tareas familiares y sociales que debían haber sido compartidas, arrastrando preocupaciones, y haciendo lo posible y lo imposible para que la siguiente generación lo hayamos tenido más fácil. Sin su esfuerzo y su sacrificio no estaríamos donde estamos.

¿En qué tipo de centro vas a matricular a tu hija, a tu hijo?

Los míos siempre han estado en la escuela pública, igual que lo estuve yo en mi tiempo. Para mí no había otra opción, era lo que había, pero yo sí hubiera podido elegir para ellas y para él otro tipo de escuela si hubiera querido. Pero sinceramente creo que elegir la escuela pública es la mejor opción por muchas razones, personales y sociales. Sólo algunas:

  • Conozco el trabajo que se hace en los centros públicos desde dentro y sé de su calidad. Puede haber puntualmente malas experiencias, igual que en los privados, pero son eso, puntuales.
  • La convivencia con compañeros y compañeras diversos en recursos y capacidades supone una riqueza y un aprendizaje para la vida en la que siempre existen diferencias. Aprender a valorar a las personas diferentes y descubrir sus capacidades nos hace mejores personas.
  •  Como madre o padre, si quieres, puedes participar en la vida del centro y en la toma de decisiones.
  • Nadie impondrá a tu hijo o tu hija una forma de pensar. Se intentará que sean personas críticas, que piensen por sí mismas y aprendan a respetar los pensamientos y sentimientos de las demás.
  • Convivirán fuera de la escuela con sus amigos y amigas de dentro y de fuera de ella, lo que mejora la cohesión social.

Y considero que puedo por tanto pedir a otras personas que hagan lo mismo que yo hice: matricular a su hijo, a su hija, en la escuela pública y luchar con su comunidad educativa para sea cada día mejor.

Decálogo

Está a punto de comenzar el plazo de matriculación del alumnado de enseñanzas infantil, primaria,  especial y secundaria y la Consejería de Educación presidida por @javierimbroda (quien, por cierto, tiene intereses en la enseñanza concertada (1) lo que debería ser incompatible con su cargo de Consejero de Educación) ha lanzado el primer ataque a la linea de flotación de la enseñanza pública con el decreto de escolarización.

Lo explicaré con más detenimiento, pero no en esta entrada. Por hoy me conformo con recoger el decálogo que la Marea Verde ha elaborado de la escuela pública, con cuyas ideas que no puedo estar más de acuerdo.

Aquí lo tienen:

La escuela pública

1. Es de todos y todas: garantiza el derecho gratuito a la educación, no busca el negocio.

2. Es para todos y todas: Genera cohesión social y no excluye ni segrega a nadie.

3. Es integral: Educa integralmente y no busca solo resultados académicos.

4. Es equitativa: Garantiza igualdad de oportunidades y compensa desigualdades sociales.

5. Es solidaria: Busca el éxito escolar y social de todos y todas.

6. Es innovadora: Cuenta con profesionales con compromiso y preparación.

7. Es democrática: Las familias participan y deciden, no son “clientes”.

8. Es laica y plural: Educa en libertad y no impone dogmas y creencias particulares.

9. Es inclusiva: considera la diversidad como una oportunidad y una riqueza.

10. Es global: No pretende que un centro sea el mejor, sino que todos sean los mejores.

(1) Me advierten que fue socio fundador de la empresa y vendió sus acciones al ser nombrado consejero. Pero queda claro cuáles son sus intereses, ¿no es verdad?

Refugiados (2)

Desde ayer, muchas personas en Jerez nos sentimos agraviadas e indignadas porque uno de nuestros representantes  considere inadecuado que el Ayuntamiento, en el que él es concejal, haya puesto a disposición de Cruz Roja las instalaciones de un polideportivo para atender de emergencia a los inmigrantes que llegan en patera a las costas gaditanas. ¿La razón? En Jerez hay un 30% de paro.

En mi anterior entrada hablaba del riesgo de xenofobia que yo creo que existe, y aquí tenemos la prueba: un concejal recurriendo a los bajos instintos, a los de aquí primero, sin consideración de ninguna clase.

Como contrapeso incluyo aquí el manifiesto que hoy, Día Mundial de las Personas Refugiadas, se ha leído en la manifestación organizada al efecto:

Acoger con humanidad y derechos:por una política europea común

La habilitación de vías seguras y legales para las personas refugiadas y migrantes es la única medida que evitará muertes y sufrimiento, acabará con el negocio de las mafias y devolverá la dignidad perdida a la Unión Europea.

El 20 de junio se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas y de nuevo en estos días, después de meses en los que parecían haber desaparecido de la agenda política, social y mediática, se vuelve a hablar de las personas refugiadas. Hablamos de las personas salvadas por el buque Aquarius, 629 personas -por favor, no lo olvidemos- que navegaban por el Mediterráneo en busca de un puerto en el que encontrar refugio, en el sentido más literal de la palabra, y también de las personas que día a día alcanzan nuestras costas andaluzas, o de aquellas que llegan desde países de Latinoamérica, huyendo de la persecución política o del crimen organizado. Hablamos también de personas que huyen de algunos de los 74 países en los que siguen siendo perseguidas por su identidad sexual, o de las mujeres refugiadas que se enfrentan a más riesgos y peligros por el solo hecho de ser mujeres.

En este 20 de junio volvemos, una vez más, a reclamar que desde España y desde la Unión Europea, se habiliten vías seguras y legales para las personas refugiadas y migrantes. Esa será la única forma de luchar contra las mafias que se enriquecen con el negocio del tráfico de seres humanos. Pero será, sobre todo, la única manera de recuperarla dignidad y ofrecer una respuesta desde la justicia, la solidaridad y la humanidad.

Desde Jerez Ciudad Refugio queremos recordad lo que significa habilitar vías seguras y legales, que es sencillamente aplicar los mecanismos legales que ya está contemplados y aprobados en los cuerpos legislativos de la UE y España. Mecanismos como la directiva de protección temporal en caso de afluencia masiva de personas en los países del sur de Europa, habilitar las embajadas para recibir solicitudes de protección internacional, eliminación de la exigencia de visados de tránsito a ciudadanos de países en conflicto, facilitar la reagrupación familiar y el cumplimiento de los acuerdos europeos en materia de reasentamiento.

Las cifras son alarmantes, la tragedia nos golpea cada día con imágenes que reflejan el naufragio moral de Europa, incapaz de articular una respuesta común, humanitaria y solidaria. Es el drama más importante al que se enfrenta el continente.

En lo que va de año un total de 691 personas han muerto en su intento de alcanzar las costas europeas, según la Organización Internacional para las Migraciones. 15.316 migrantes han llegado a Italia, un 76% menos que en el mismo periodo de 2017. En España lo han logrado 12.219 y otras 12.055 en Grecia, según ACNUR.

No estamos en la época de la migración.En todo caso estamos en la época de la xenofobia, que es otra cosa. Porque no puede haber una época del trabajo, una época del lenguaje, una época de la alimentación. Migrar es un hecho humano.

Lo que está sucediendo es que cada vez más la desigualdad se va exacerbando con los nuevos nacionalismos, con los nacionalismos más fundamentalistas, que se expresan en el caso del Brexit, del Frente Nacional, de la Liga Norte, de los nuevos muros que se quieren construir, de los ejércitos clandestinos, de las alambradas en las fronteras. Crecen las desigualdades económicas y políticas, y sigue creciendo el desplazamiento territorial y la no integración de los migrantes que cada vez tienen menos derechos y más obstáculos.

Sí, la causa principal de las migraciones es la desigualdad y en el mundo actual 85 personas tienen la misma riqueza total que la mitad más pobre del planeta -nunca hemos vivido una desigualdad como la que se está viviendo en el mundo de hoy, nunca existieron fortunas como las que existen hoy- . Entonces, cada ser humano debería preguntarse cómo actuaría si hubiera nacido en las zonas más pobres del planeta, si estuviera en riesgo de morir bajo una bomba, si pudiera ser asesinado por razones políticas.

Parece que esto no nos pasará, que no va con nosotros/as, pero no pequemos de ingenuidad, conjuguemos mejor esta realidad e intentemos tener una visión completa de lo que es la migración. Sí, es sufrimiento, es muerte, no son datos, ni etiquetas; son personas, como tú, como yo… y también es fuerza porque las personas que dejan sus familias y sus países requieren de fuerza, así como de mucha esperanza.