Mirando hacia muy atrás

Antes de nada lean, por favor, esta información publicada ayer, que hoy se repite en otro periódico. Como se puede ver dice claramente que la Delegación de Educación prohibió la celebración de una asamblea de la Campaña por la bajada de ratios escolares, en la que se integran más de treinta organizaciones y colectivos en defensa de la escuela pública.

¿Se habrán celebrado las demás?

Dice la Señora Delegada Territorial de Educación que no ha habido tal prohibición, sólo se ha recordado a la dirección del centro que en cumplimiento de la nueva normativa (expresada en una circular) si no se ha pedido autorización con siete días de antelación, no se puede llevar a cabo.

¿Dónde queda la autonomía de los centros si una directora, o un director, no puede autorizar una reunión en horario que no interfiere con las labores docentes, y más si está relacionada con asuntos educativos? ¿Habrá que pedir permiso hasta para respirar?

El ambiente que este gobierno está introduciendo en la escuela andaluza se está volviendo asfixiante. No es solo que se necesite autorización para actividades propuestas a partir del 20 de noviembre, es que la organización de la actividad y el contacto con las personas o entidades actuantes se realizarán desde la Delegación, que establecerá las directrices oportunas.

Está muy clara la pretensión de que la escuela pública se limite a enseñar, que no a educar. Limitarse a las matemáticas, o la geografía, sin salirse del guión. A educar en valores lo llaman adoctrinar. Pero según su criterio los centros privados, católicos en su inmensa mayoría, no adoctrinan, aunque esté en su ADN impartir doctrina.

No tienen idea de lo que cuesta organizar actividades diferentes a las clases en el aula. Y si cada vez que se pretenda hacer algo distinto el profesorado se encuentra con críticas, trabas y problemas, ¿lo seguirá haciendo? Así se mata la iniciativa, la ilusión, las ganas de trabajar.

En esta comunidad no se ha hablado del pin parental pero se ha inoculado el germen. Aquí no se anuncian los recortes de derechos: se hacen sin más(1). Cada vez se realizan menos actividades de las que a los amantes del pin no les gustan, por si luego algún padre o madre protesta y tenemos problemas. O se les pide a las familias consentimiento para actividades incluidas en el PAC y por tanto aprobadas de forma expresa. No hace falta pin, ni pon. Ya nos autocensuramos.

Parece que haya mucho interés en que volvamos a sentirnos como algunos, y especialmente algunas, ya nos sentimos hace muchos años, en tiempos del franquismo: dependientes, acogotadas, sin libertad para casi nada que no entrara en la cuadrícula del esquema de funcionamiento que se nos había asignado, en nuestro papel. Creíamos haber salido definitivamente de allí pero parece que quieren que volvamos, aunque no lo digan de esa manera y lo hagan de forma muy sibilina. Y lo malo es que les estamos dejando. Nos está pasando como a la rana metida en agua fría puesta al fuego. Como no espabilemos cuando queramos reaccionar será tarde.

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(1) Un ejemplo: En Castilla y León ese señor cuya única función es decir barbaridades y tonterías para crear polémica y salir en los medios (una forma de hacerse publicidad que les funciona) dijo aquello de hacer que las mujeres que pretender abortar escuchen el latido fetal y vean una ecografía 4D, aunque no entiende mucho de embarazos. Y se armó la más grande. En Andalucía el asesoramiento a las que pretenden hacer lo mismo está en manos del grupo antiabortista Red Madre al que ya se han pagado más de doscientos setenta mil euros de dinero público y cuya misión es obvia, como explica aquí Angel Munárriz.

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